Política al servicio propio

El arte de la política en la Argentina es vastamente despreciado como un siniestro fin en sí mismo, mas rara vez la política ha sido tan flagrantemente puesta al propio servicio como en estas últimas semanas en la provincia de Buenos Aires. Las facciones rivales de los peronistas bonaerenses — lideradas respectivamente por el gobernador Felipe Solá (con el apoyo encubierto del presidente Néstor Kirchner) y por Eduardo Duhalde, predecesor de ambos — ni siquiera simulan tener algún interés en gobernar responsablemente o en atender las prioridades de la ciudadanía, como la lucha contra la delincuencia. En su lugar, están empeñados en una puja desnuda por el poder, en que procurar el descrédito del otro — y por lo tanto de la política toda — parece ser su arma principal.
Como el ladrón que juzga a todos según él mismo, los duhaldistas empezaron a embarrar a los otros el mes pasado, cuando acusaron a Solá de crear 14.000 nuevos puestos públicos en el presupuesto de 2005 con el fin de establecer su propio aparato político de activistas locales a través de la provincia: fue ésta una de sus razones para valerse de su propia mayoría en la legislatura provincial para hacer aprobar el presupuesto sin “superpoderes” para reasignarlo (el veto de Solá todavía pendía sobre el presupuesto al escribirse este editorial). El sector de Solá recientemente devolvió el golpe acusando al bloque duhaldista de crear una “caja negra” con fines de clientelismo político.
Algunas personas podrán creerle al lado de Solá en esta historia, y otras creerle al de Duhalde, pero la abrumadora mayoría, observando los orígenes comunes de Duhalde y Solá en el aparato peronista bonaerense, probablemente aceptará ambas series de acusaciones y pensará lo peor de todos los políticos. Esto es un problema para una provincia que alberga casi el 40 por ciento de la población de la Argentina, aunque también un problema para el país todo, dado que Kirchner tan visiblemente dependía del apoyo de Duhalde para llegar a la presidencia en 2003. Paradójicamente, el hecho le fue refregado en la cara misma del presidente el miércoles, no por ningún adversario sino por un presuntamente kirchnerista partidario de Solá quien acusó a Duhalde de “condicionar la demo-cracia”: tanto barro arrojado por doquier en medio de esta vendetta tiene la peculiar característica de quedar pegado en ambos lados. Como gobernantes de la provincia desde 1987, los peronistas bonaerenses, de manera complaciente, se imaginan a sí mismos en el poder para siempre, pero si las destructivas luchas internas continúan en esta escala hasta octubre, podríamos entonces tener una agradable sorpresa.
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