Macri vs. López Murphy: La batalla ha comenzado

sábado, septiembre 11, 2004
EDGAR MAINHARD

Es inevitable: representan proyectos diferentes. Mauricio Macri proviene de una UCeDé que luego se menemizó y más tarde fluyó entre Jorge Sobisch y Eduardo Duhalde. Ricardo López Murphy proviene de la UCR que ha explotado. A él lo echaron porque el Presidente de ese tiempo priorizó a Domingo Cavallo y porque los alfonsinistas lo despreciaban. Caminaron juntos apenas un trecho y, quizá hasta por una cuestión generacional, se han descubierto peleando espacios similares. Son competidores inevitables.

Mauricio Macri, fundador y líder de Compromiso para el Cambio, decidió responderle a Ricardo López Murphy, quien lo ha cuestionado por sus diálogos permanentes con Eduardo Duhalde.

Macri le dijo a López Murphy que, para gobernar, "hay que tender puentes porque si no, uno se queda en la política testimonial".

Macri tiene un gran compromiso con el justicialismo. Uno de sus amigos más íntimos es el senador nacional PJ-Misiones, Ramón Federico Puerta, el hombre que pudo ser Presidente y decidió renunciar en favor de la Provincia de Buenos Aires, por un miedo que lo ha marcado para siempre.

Y Macri mantiene una relación importante con Eduardo Duhalde, el líder justicialista bonaerense. El vocero de Duhalde, Carlos Ben -hoy productor televisivo en la mañana de Canal 9-, integra la Comisión Directiva del Club Atlético Boca Juniors. Es el nexo más visible entre Macri y Duhalde.

Ricardo López Murphy actúa con inteligencia: ya que no logró llegar a un acuerdo con Macri, por las vacilaciones de éste, quien se mantiene expectante de los pasos futuros de Duhalde, decidió minimizarlo.

Cuando López Murphy acusa a Macri de duhaldista, le baja la categoría porque, entonces, el rival de López Murphy es Eduardo Duhalde, y Macri pasa a ser un subalterno. Un Carlos Federico Ruckauf.

No es un análisis que responde a la realidad porque Ruckauf nunca tuvo demasiados votos propios y Mauricio Macri sí, en las dos vueltas electorales que disputó contra Aníbal Ibarra, en la Ciudad de Buenos Aires.

Hay quienes insisten en que, más allá del crecimiento impresionante de Elisa Carrió en las encuestas porteñas, Macri no ha perdido todas sus posibilidades para la batalla por el Gobierno de la Ciudad, en el año 2007, ya que le advierten a Carrió un espíritu "bohemio" para las cuestiones administrativas.

La verdad es que todo es una especulación del laboratorio de las encuestas, porque luego la realidad realiza su propio diseño. Tampoco Ibarra tenía un perfil de ejecutivo público, pero ahí lo tienen... le ganó a Domingo Cavallo y a Mauricio Macri porque pudo aprovechar la moda política y los errores de sus rivales.

De todos modos, es curioso lo que Macri le dice a López Murphy: "hay que tender puentes para la hora de gobernar". Le está diciendo que él se prepara para ejercer el poder y que no puede ignorar que el duhaldismo-peronismo es una variable de poder (que le pregunten a Fernando De la Rúa... ).

Pero también es lógico el planteo de López Murphy porque es lo que siente la clase media urbana que Macri corre peligro de perder: Duhalde es la quiebra del Bapro, Duhalde es la Policía Bonaerense, Duhalde es las 'manzaneras' y el Plan Jefas y Jefes de Hogar que alimenta a los 'piqueteros' y su voto cautivo, Duhalde es la devaluación y la pesificación asimétrica, Duhalde es el derrumbe de la calidad de vida, Duhalde es Kirchner, Duhalde es el clan de intendentes-delincuentes que hacen la política bonaerense, Duhalde es Victorio Gualtieri, Duhalde es el golpe de Estado de diciembre de 2001.

Por lo tanto, ¿de qué se puede hablar con Duhalde?

Macri está afirmando: "El diálogo con Duhalde es inevitable y debo aprender a convivir con él".

López Murphy está sosteniendo: "Hay que ganarle a Duhalde porque, de lo contrario, no se puede construir una sociedad diferente".

Son el agua y el aceite, algo obvio cuando ambos disputan espacios políticos similares.

Para Macri, Kirchner es el límite, y se mantendrá cerca de Duhalde pero no de Kirchner.

Para López Murphy, Kirchner es Duhalde y Duhalde es Kirchner, y no se separarán, probablemente.

Luego, Macri decidió cortar la polémica: "Estamos hablando de cosas que no corresponden y en tonos que corresponden menos todavía".

En cambio, López Murphy dijo que "Duhalde es la cabeza del monstruo".

Es obvio que son opciones muy diferentes.

Macri respondió que la realidad no se plantea "en términos de monstruos o no monstruos", y que continúa su trabajo en la Provincia de Buenos Aires, "viendo a dirigentes de 1er. y 2do. nivel, gente de todos los partidos políticos". Macri está intentando seducir al neoperonismo bonaerense pero puede incurrir en un error: no es tan claro que el peronismo que ingrese a Compromiso por el Cambio se encuentre interesado en convivir con Duhalde. Más bien el peronismo disponible en la Provincia de Buenos Aires se encuentra enfrentado a Duhalde.

Pero Macri aún no imagina un país no peronista, aún cuando se ignore qué es hoy el peronismo, un partido político acéfalo y una idea social que ha perdido actualidad y contenido ético.

Macri ha tendido puentes con Aníbal Ibarra, en la Legislatura porteña. El ex interventor del Pami, ex embajador en el Vaticano, allegado al Opus Dei y legislador macrista, Santiago de Estrada, es el vicepresidente 1ro. de la Legislatura, donde la oposición de Macri ha sido muy moderada.

Es un estilo de hacer político y lo está planteando también para la Provincia de Buenos Aires. Pero no es menos cierto que hoy Macri no ganaría el comicio en la Ciudad de Buenos Aires y su liderazgo se ha desdibujado al punto que le permitió a Ibarra recuperarse en términos de imagen pública.

López Murphy ha establecido dos límites muy precisos en su estrategia de crecimiento: el acuerdo es la Constitución Nacional y la oposición a Duhalde como hacedor de Kirchner.

De hecho, toda la historia del enfrentamiento entre Kirchner y Duhalde es una gran payasada. En el gobierno de Kirchner, Duhalde controla la Administración Federal de Ingresos Públicos, la Administración Nacional de Seguridad Social, el Ministerio de Economía, la Secretaría de Hacienda, la Superintendencia de Bancos del Banco Central, la Secretaría de Seguridad de la Nación, el Ministerio de Salud, el Ministerio de Defensa, la Vicepresidencia de la Nación (presidencia del Senado), la Cámara de Diputados de la Nación, el bloque PJ en Diputados y al menos 1 asiento en la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Macri terminó afirmando que "no es un año de elecciones y a la gente no le interesa con quién se va a aliar uno, sino llegar a fin de mes, cómo se va a resolver el problema de la inseguridad y de la educación pública".

Es verdad pero también es mentira. Si no se enfrenta a Kirchner y Duhalde -de acuerdo a la visión de López Murphy-, cuando en breve la gente llegue mucho menos a fin de mes, y quizá tenga más problemas de inseguridad, ¿en quién tendrá sus representantes?

Macri simplificó el debate: "Que usemos el tiempo para debatir quién se va a aliar con quién, es una falta de respeto. Hoy habría que concentrarse, los que tienen que gobernar en gobernar, y la oposición en plantear la agenda de los temas que le interesan a la gente".

Hay que debatir el rumbo, y también saber de qué lado se encuentra cada uno. Sorprende la trivialidad de Macri al ignorar la esencia de los hombres políticos que es mantener sus convicciones más allá de los procesos coyunturales, levantar la voz y enfrentarse al poder si se opina lo contrario. Por ejemplo, que Duhalde ha cobijado a alguna gente que le hace mucho daño a la sociedad argentina.

En fin, ya era hora de que aparecieran las diferencias ocultas, pero que siempre se sospecharon, entre López Murphy y Macri. Es parte de la maduración necesaria de sus propias fuerzas políticas. Que les aproveche.

El gran país que se convirtió en Macondo

martes, septiembre 07, 2004
El auge del nacionalismo cultural y el advenimiento de un Estado prebendario constituyeron las bases de un neopopulismo que socavó los estamentos sociales sobre los cuales la Argentina había llegado a ser una potencia

Cuando Simón Bolívar, luego de las batallas de Junín y Ayacucho, avanzó triunfante en 1825 hasta Potosí y Chuquisaca, el mundo europeo interpretó que la culminación de la independencia de las colonias españolas significaba una nueva esperanza para la humanidad: a la par de los Estados Unidos de América, que habían inaugurado el republicanismo y emergían como una potencia económica, las flamantes naciones al sur del Río Bravo vendrían a constituirse en un nuevo polo de democracia y prosperidad.

Poco después, sin embargo, Bolívar se consagró como presidente vitalicio de Bolivia y de Perú y pretendió lograr el mismo carácter perpetuo en la Gran Colombia (la actual Colombia, Venezuela y Ecuador) mediante la presión de actas firmadas por los vecinos. Cuando se le objetó que ese método era contrario a la Constitución, respondió que "no será legal, pero es popular y por lo tanto propio de una república eminentemente democrática", y finalmente se constituyó en dictador bajo el paradójico título de Libertador-Presidente.

Como había pasado con Iturbide en México, San Martín en Perú y O´Higgins en Chile, a quien Simón llamaba "los tres césares americanos", el propio Bolívar terminó renunciando a su cargo sin haber institucionalizado los países que gobernaba y el continente se fragmentó y siguió sometido por caudillos militares, más absolutistas que los virreyes, que generalizaron el clientelismo y mantuvieron la pobreza general. Los colonos de la América del Norte habían sido propietarios que participaban de los asuntos públicos y generaban riquezas en un marco de competencia entre los distintos puertos y que, después de la independencia, inventaron una Constitución para proseguir ese camino. Entre nosotros, en cambio, fue necesario incentivar el surgimiento de una clase burguesa entre súbditos sin tradiciones de libertad y acostumbrados a la búsqueda de rentas a través de monopolios otorgados por la corona.

Chile fue el primer país que logró estabilizarse, en parte lo hizo también la Venezuela de José Antonio Páez, hasta que la Argentina, hasta entonces el territorio más pobre y despoblado del hemisferio, dictó en 1853 su Constitución Nacional para establecer un Estado de derecho con sanos principios: división de poderes, vigencia de la autonomía individual y de la propiedad privada, igualdad, libertad de cultos y fomento de la inmigración. Contrariando el estatismo económico colonial, el Estado propició solamente una infraestructura de puertos, ferrocarriles, correos, telégrafos y aguas corrientes, y dejó el grueso de la producción en manos de los particulares. La educación pública gratuita y obligatoria, aprobada en 1884 y volcada sobre un intenso flujo de inmigrantes provenientes de Italia y España, y la complementación comercial con Inglaterra y cultural con Francia, le dieron al país un matiz europeo que se expresó también en la renovada arquitectura de las ciudades y en magníficos edificios como el del Teatro Colón.

Después de 1880, Buenos Aires inauguraba su Avenida de Mayo, que competía con los boulevares de París y Madrid y, ya en 1913, la Argentina se colocaba entre los diez primeros países del mundo: nuestro producto bruto per cápita era superior al de Francia y nuestros salarios eran iguales a los de Estados Unidos. Mientras en general la América latina continuaba caracterizada por los despotismos militares y los contrastes entre una minoría opulenta y grandes masas marginadas, nuestra nación se caracterizaba por una clase media laboriosa, mayormente urbana, ilustrada por las escuelas sarmientinas y por universidades que dieron tres premios Nobel en ciencias.

Nuevos paradigmas

¿Por qué nos "latinoamericanizamos"en el mal sentido de recaer en el atraso, las dictaduras, la marginalidad y la inseguridad cotidiana? Con la Constitución, según las palabras de Alberdi en Las Bases, nos habíamos propuesto crear un modelo de ciudadano caracterizado por "la paz y el trabajo", pero en 1908, con el objetivo de homogeneizar a los hijos de inmigrantes, se estableció una campaña de educación patriótica, basada en las experiencias belicistas de Alemania y Japón, que terminó creando nuevos paradigmas como "el militar que muere pobre" (San Martín y Belgrano, supuestamente, aunque el primero falleció rico y el segundo fue abogado). Otro arquetipo que surgió en la época fue "el gaucho pobre que se hizo violento", como Martín Fierro, glorificado por Leopoldo Lugones como un ser noble, recto, virtuoso, pese a que José Hernández había escrito el poema para mostrar cómo un hombre pacífico y trabajador, llevado por la leva forzosa, se había convertido en un desertor pendenciero y asesino que se va a las tolderías para vivir "panza arriba y sin trabajar".

En el auge de ese nacionalismo cultural, que creó el mito de que los argentinos somos víctimas de una conspiración internacional, el propio Lugones anunció en 1925 que había llegado la "hora de la espada" con cinco años de anticipación al golpe de 1930. El proceso se completó a partir del gobierno militar de 1943 con el modelo de la "dama buena que regala lo ajeno" que sustituyó al trabajo por la dádiva y, al crear la ficción de un Estado benefactor, fue eliminando el concepto de la responsabilidad individual.

Las bases culturales del "neopopulismo" ya estaban echadas y los subsidios estatales fueron recreando los rasgos feudales bajo ropajes civiles y militares: la propiedad, condenada cuando proviene de la herencia o el trabajo pero aceptada cuando es ostentada por los políticos "justicieros", fue afectada mediante "congelamientos" o retenciones confiscatorias consentidas por productores sadomasoquistas; las coaliciones de intereses empresarios y sindicales, que restringen la competencia y logran prebendas para sus sectores, disminuyeron la productividad general y el empleo; la retórica de la igualdad creó estructuras de privilegio y el distribucionismo atrofió el cuerpo social; los planes sociales del 2001, aunque aceptables durante la emergencia, sirvieron para perpetuar a los funcionarios que los dispensan y a los barones de la extorsión y los cortes de tránsito que los manejan; la miseria se extendió y los secuestros nos enlutan y angustian.

El "realismo mágico" de nuestro continente llegó a una Argentina que se consideraba idealista pero racional y un ignoto Gabriel García Márquez, allá por 1967, encontró su primer editor para Cien Años de Soledad en nuestro país.

En aquellos años, en mi carácter de periodista del diario La Gaceta, de Tucumán, traté de insuflar un contenido latinoamericano a mi labor difundiendo las informaciones de los restantes países del continente, simbolizados a veces por escritores de verba socialista, hábitos exquisitos y glorificadores de tiranos. Ahora, cuando veo la "macondización" de nuestra sociedad y analizo tantos errores cometidos en la juventud, deploro que no hayan sido los aires del progreso, la ciencia, la seriedad y los gobiernos austeros y limitados los que se desplazaran y afianzaran en todos nuestros países, todavía ávidos de modernidad y civilización.

Por José Ignacio García Hamilton

El autor es abogado y escritor.